Cosas de Suecos

Miles suspiró y dio vueltas al sombrero invisible entre las manos por el ala ancha. Lo hizo girar un momento en un dedo y cruzó una mirada con la pelirroja.
-Mira mi sombrero. Es la única prenda que he conseguido conservar después del ataque de los hermanitos robustos, la banda de Pitt. Como la llamáis.
Ella hizo un gesto de desprecio.
-Esos vagos… ¿Y por qué sólo un sombrero? ¿Por qué no un uniforme entero ya puestos? -agregó, sarcástica.
-Un sombrero es un objeto más útil para comunicarse. Se pueden hacer gestos amplios -dijo y lo hizo-, transmitir sinceridad -lo sostuvo sobre el corazón-, o indicar vergüenza -sobre los genitales con dos dedos en pinza-, o rabia… -lo arrojó al suelo como si pudiera clavarlo en la tierra, después lo levantó y lo sacudió con cuidado-, o determinación… -se lo puso bruscamente en la cabeza y se  bajó el ala sobre los ojos-, o saludar -lo levantó de nuevo para hacerlo-. ¿Ves el sombrero?
Ella se empezaba a divertir.
-Sí…
- ¿Ves las plumas que tiene?
-Sí…
-Descríbelas.
-Ah… bueno, plumas.
- ¿Cuántas?
-Dos. Juntas.
- ¿Ves el color de las plumas?
Ella retrocedió, muy consciente de sí misma de pronto, con una mirada de reojo a sus compañeras.
-No.
-Cuando veas el color de las plumas -insistió Miles con suavidad-, también entenderás la forma en que se pueden expandir estas fronteras hasta el infinito. 

Miles suspiró y dio vueltas al sombrero invisible entre las manos por el ala ancha. Lo hizo girar un momento en un dedo y cruzó una mirada con la pelirroja.

-Mira mi sombrero. Es la única prenda que he conseguido conservar después del ataque de los hermanitos robustos, la banda de Pitt. Como la llamáis.

Ella hizo un gesto de desprecio.

-Esos vagos… ¿Y por qué sólo un sombrero? ¿Por qué no un uniforme entero ya puestos? -agregó, sarcástica.

-Un sombrero es un objeto más útil para comunicarse. Se pueden hacer gestos amplios -dijo y lo hizo-, transmitir sinceridad -lo sostuvo sobre el corazón-, o indicar vergüenza -sobre los genitales con dos dedos en pinza-, o rabia… -lo arrojó al suelo como si pudiera clavarlo en la tierra, después lo levantó y lo sacudió con cuidado-, o determinación… -se lo puso bruscamente en la cabeza y se  bajó el ala sobre los ojos-, o saludar -lo levantó de nuevo para hacerlo-. ¿Ves el sombrero?

Ella se empezaba a divertir.

-Sí…

- ¿Ves las plumas que tiene?

-Sí…

-Descríbelas.

-Ah… bueno, plumas.

- ¿Cuántas?

-Dos. Juntas.

- ¿Ves el color de las plumas?

Ella retrocedió, muy consciente de sí misma de pronto, con una mirada de reojo a sus compañeras.

-No.

-Cuando veas el color de las plumas -insistió Miles con suavidad-, también entenderás la forma en que se pueden expandir estas fronteras hasta el infinito. 


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