Todos los hombres tienen que hacerse merecedores de sus futuras torturas, de la cruel extinción que les depara la deidad. Incluso mientras un hombre está posicionado de rodillas, farfullando oraciones con las manos juntas, comportándose como si tuviera en sí la amabilidad más benévola, incluso durante esas buenas acciones, la deidad ya le está mandando el cáncer a la próstata, o bien le está mandando a un loco para que asesine a su amada descendencia. La deidad anhela los pecados de los hombres para justificar el dolor monstruoso del destino que disfruta inflingiendo.
La culpa del hombre mitiga la culpa de la deidad. La crueldad humana permite una práctica de crueldad mayor por parte de la deidad.
Publicado el Martes Junio 21st