Cosas de Suecos

–¿Sabes lo que ha estado pasando en tu habitación de invitados?
Miles gruñó y se pasó las manos por el cabello; indicó a Ivan que se callara, trató de recordar la brillante manera en que iba a terminar aquel párrafo, no lo consiguió, se rindió y apagó la comuconsola.
–No hace falta gritar.
–No estoy gritando –dijo Ivan –. Estoy siendo firme.
–¿Podrías por favor ser firme a un volumen un poco más bajo?
–No. Simón, ¡Illyan se está acostando con mi madre, y es culpa tuya!
–Yo… no creo que lo sea.
–Está sucediendo en tu casa, al menos. Eres de algún modo responsable de las consecuencias.
–¿Qué consecuencias?
–¡No sé qué consecuencias! No sé qué demonios se supone que debo hacer. ¿Debería empezar a llamar papá a Illyan, o desafiarlo a un duelo?
–Bueno… podrías empezar considerando la posibilidad de que no es asunto tuyo. Son adultos, según creo.
–¡Son viejos, Miles! Es, es, es… indigno. O algo así. Escandaloso. Ella es alta Vor, y él, él… es Illyan.
–Una clase propia. –Miles sonrió –. Si yo fuera tú, no esperaría un gran escándalo. Me dio la impresión de que eran, um, razonablemente discretos. Tu madre lo hace todo con buen gusto. Además, siendo ella quien es, y siendo él quien es, ¿se atrevería alguien a hacer comentarios?
–Es embarazoso. Después de la ceremonia de compromiso de Gregor, y antes de que empiecen a preparar la boda, mi madre me ha dicho que van a tomarse una vacaciones en la costa sur durante medio mes. Juntos. En una especie de complejo turístico de clase medie del que nunca he oído hablar, y que Illyan escogió porque tampoco había oído hablar de él y cualquier sitio que nunca hubiera llamado la atención de SegImp le pareció bien. Ella dice que después del compromiso quiere tumbarse en la playa en una hamaca al sol todo el día y no hacer nada, y beber esas repugnantes bebidas con la fruta pinchada en un palito, y por la noche, dijo, seguro que ya se le ocurriría algo. ¡Santo Dios, Miles, mi propia madre!
–¿Cómo piensas que se convirtió en madre tuya? Entonces no tenían replicadores uterinos en Barrayar.
–Eso fue hace treinta años.
–Tiempo más que suficiente. La costa sur, ¿eh? Parece… relajante. Completamente plácido, de hecho. Cálido.
Nevaba en Vorbarr Sultana esa mañana. Tal vez consiguiera persuadir a Illyan para que le diera el nombre del lugar, y una vez que se hubiera quitado de encima ese maldito informe… pero Miles no tenía a nadir con quien irse de vacaciones excepto a Ivan, allí presente, y no era lo mismo.
–Si realmente te molesta, creo que deberías hablar con mi madre.
–Lo intenté. Es betana. Lo encuentra magnífico. Bueno para el sistema cardiovascular y la producción de endorfinas y todo eso. Ahora que lo pienso, probablemente mi madre y ella lo planearon juntas.
–Posiblemente. Míralo por el lado bueno. Es muy posible que la tía Alys esté tan preocupada con su propia vida amorosa que no le quede tiempo para tratar de arreglar la tuya. ¿No es lo que siempre has dicho que querías?
–Sí, pero…
–Piénsalo. Este último mes, ¿te ha dado mucho la lata para que cortejes a las muchachas adecuadas?
–Este mes… todos hemos estado muy ocupados.
–¿Cuántas pedidas de mano, bodas o venidas al mundo de los hijos de sus amistades ha descrito con detalle?
–Bueno… ninguna, ahora que lo mencionas. Excepto la de Gregor, claro. Jamás había pasado tanto tiempo sin mencionarme la estadísticas de natalidad de los altos Vor. Incluso cuando estaba de servicio en nuestra embajada en la Tierra se apañaba para enviar mensajes dos veces al mes.
–Mira lo que sales ganando, Ivan.
Ivan torció la boca.
–Fruta –murmuró –. En esos palitos.

–¿Sabes lo que ha estado pasando en tu habitación de invitados?

Miles gruñó y se pasó las manos por el cabello; indicó a Ivan que se callara, trató de recordar la brillante manera en que iba a terminar aquel párrafo, no lo consiguió, se rindió y apagó la comuconsola.

–No hace falta gritar.

–No estoy gritando –dijo Ivan –. Estoy siendo firme.

–¿Podrías por favor ser firme a un volumen un poco más bajo?

–No. Simón, ¡Illyan se está acostando con mi madre, y es culpa tuya!

–Yo… no creo que lo sea.

–Está sucediendo en tu casa, al menos. Eres de algún modo responsable de las consecuencias.

–¿Qué consecuencias?

–¡No sé qué consecuencias! No sé qué demonios se supone que debo hacer. ¿Debería empezar a llamar papá a Illyan, o desafiarlo a un duelo?

–Bueno… podrías empezar considerando la posibilidad de que no es asunto tuyo. Son adultos, según creo.

–¡Son viejos, Miles! Es, es, es… indigno. O algo así. Escandaloso. Ella es alta Vor, y él, él… es Illyan.

–Una clase propia. –Miles sonrió –. Si yo fuera tú, no esperaría un gran escándalo. Me dio la impresión de que eran, um, razonablemente discretos. Tu madre lo hace todo con buen gusto. Además, siendo ella quien es, y siendo él quien es, ¿se atrevería alguien a hacer comentarios?

–Es embarazoso. Después de la ceremonia de compromiso de Gregor, y antes de que empiecen a preparar la boda, mi madre me ha dicho que van a tomarse una vacaciones en la costa sur durante medio mes. Juntos. En una especie de complejo turístico de clase medie del que nunca he oído hablar, y que Illyan escogió porque tampoco había oído hablar de él y cualquier sitio que nunca hubiera llamado la atención de SegImp le pareció bien. Ella dice que después del compromiso quiere tumbarse en la playa en una hamaca al sol todo el día y no hacer nada, y beber esas repugnantes bebidas con la fruta pinchada en un palito, y por la noche, dijo, seguro que ya se le ocurriría algo. ¡Santo Dios, Miles, mi propia madre!

–¿Cómo piensas que se convirtió en madre tuya? Entonces no tenían replicadores uterinos en Barrayar.

–Eso fue hace treinta años.

–Tiempo más que suficiente. La costa sur, ¿eh? Parece… relajante. Completamente plácido, de hecho. Cálido.

Nevaba en Vorbarr Sultana esa mañana. Tal vez consiguiera persuadir a Illyan para que le diera el nombre del lugar, y una vez que se hubiera quitado de encima ese maldito informe… pero Miles no tenía a nadir con quien irse de vacaciones excepto a Ivan, allí presente, y no era lo mismo.

–Si realmente te molesta, creo que deberías hablar con mi madre.

–Lo intenté. Es betana. Lo encuentra magnífico. Bueno para el sistema cardiovascular y la producción de endorfinas y todo eso. Ahora que lo pienso, probablemente mi madre y ella lo planearon juntas.

–Posiblemente. Míralo por el lado bueno. Es muy posible que la tía Alys esté tan preocupada con su propia vida amorosa que no le quede tiempo para tratar de arreglar la tuya. ¿No es lo que siempre has dicho que querías?

–Sí, pero…

–Piénsalo. Este último mes, ¿te ha dado mucho la lata para que cortejes a las muchachas adecuadas?

–Este mes… todos hemos estado muy ocupados.

–¿Cuántas pedidas de mano, bodas o venidas al mundo de los hijos de sus amistades ha descrito con detalle?

–Bueno… ninguna, ahora que lo mencionas. Excepto la de Gregor, claro. Jamás había pasado tanto tiempo sin mencionarme la estadísticas de natalidad de los altos Vor. Incluso cuando estaba de servicio en nuestra embajada en la Tierra se apañaba para enviar mensajes dos veces al mes.

–Mira lo que sales ganando, Ivan.

Ivan torció la boca.

–Fruta –murmuró –. En esos palitos.


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