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Me rindo

abrázame esta noche

entiérrame en tu corazón cenagoso

haz que me olvide de mí mismo

dame la tranquilidad del que lo ignora todo

tú ganas

eres más sabio, más grande, más cruel

limpia con tu lengua de gato

los restos de esta vida inútil

que me concedieron sin yo pedirla

pero te aviso

yo me rindo 

pero ella no

volverá tu rostro hacia ti

y romperá tu coraza del color de la ceniza

y alargará su brazo

llevándome de vuelta a su calor

donde tú no eres 

nada más 

que un segundo polvoriento

de un sueño olvidado

atlasobscura:

DR. EVERMOR’S FOREVERTRON -NORTH FREEDOM, WISCONSIN

For most of his life, Tom Every was a professional destroyer. Tom worked in Wisconsin as an industrial wrecker, thrashing old factories, breweries and any other building that stood in the way. But when he retired in 1983, he decided he would dedicate the rest of his life to being a creator: Dr. Evermor, to be exact.

Made from industrial scrap, the sculpture park includes a decontamination chamber from NASA’s Apollo project, dynamos built by Thomas Edison and scrap metal salvaged from an Army Ammunition Plant.

This beauty was the Obscura Day location for April 9, 2011.

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Este océano indolente en el que se ha convertido

el saco de segundos malgastados que arrastro

amenaza con ahogarme de nuevo

pero esta vez

buscando en mis bolsillos

me doy cuenta

de que se me acabaron la ganas de luchar

sólo me queda rezar para que seas un verdugo hábil

que el golpe sea certero

aunque ya no espero nada más de ti

aparte de crueldad

tu aliento salado sobre mi herida abierta

tus dedos gélidos arrancándome la piel

mientras me arrastras a tu vientre húmedo y gangrenado

donde

por fin

me lo quitarás todo

me olvidarás

y seré

por fin

Nada

EPÍSTOLA DE SAN FLOMOTEO A LOS HIPERMÉTROPES

Estimados Hipermétropes:

Andaba sin mucho que hacer y pensé en enviaros una epístola para contaros alguna de los lances que vivió nuestro Jehová en los tiempos pretéritos. Le di vueltas y vueltas a qué contaros, se me hizo de noche, me fui a la cama y no os escribí. Después aconteció que a mi señora le dio por cambiar los muebles de sitio una mañana y me tiré unos buenos quince días sin encontrar ni escritorio. Teniendo en cuenta que vivimos en una chabola de adobe que no va más allá de los veinte metros cuadrados, es algo que me preocupa bastante… pero me voy por las ramas y vosotros tampoco estáis para leer mucho así de corrido por vuestra dolencia, así que iré al grano.

Cuentan que un mes de agosto andaba Jehová por la playa, sin otra cosa en mente más allá de sentirse razonablemente ufano por todo lo que había sido capaz de crear en unos cuantos días de dedicación plena, cuando quedóse mirando a una familia de filisteos que estaba de merendola un poco más allá.

No describiré a la familia en demasía, pues no es el objetivo de la narración, pero sí que diré que el núcleo familiar lo formaba una madre de sexo femenino, un padre de sexo masculino y un par de churumbeles que estaban en esa edad en la que ni el mismo Jehová podría haber apostado sobre seguro acerca de su sexo.

Era, en fin, una familia como Él mismo manda.

Sintiendo una simpatía natural hacia aquel grupo, Jehová se preparaba para multiplicar sus panes y sus peces (un hecho que más tarde copiaría un hijastro y del que el chaval jamás citaría al autor original) cuando uno de los jóvenes de sexualidad indeterminada parece que se atragantó con una espina de uno de los peces.

Sintiéndose un poco culpable por haber creado tan puñeteras a las sardinillas de Cafarnaum, preparóse Jehová para salvar al mozalbete de sexo indescifrable y lanzóse hacia el drama clínico que se desarrollaba ante sus ojos.

Mas, hete aquí, que un curandero filisteo que pasaba el rato en la misma playa tomando baños de sol dióse cuenta también del peligro que corría aquel crío de condición sexual nebulosa y también apresuróse a auxliarlo.

Ya fuera porque Jehová habíase trasfigurado en un viejo cojo (caprichos de Jehová, cuya conveniencia según para qué cosas ni vosotros ni yo mismo somos dignos de poner en duda), ya fuera porque el sanador filisteo gozaba de una salud y una zancada sobre arena realmente divina, aqueste llegó a su vera segundos antes que Jehová y, dándole unos empujones en la espalda al afectado por el ahogo, hízole escupir la espina causante del desaguisado.

Un poco mosqueado por tamaña intromisión médica, Jehová se presentó ante los filisteos domingueros en toda su omnipresencia y con todos sus accesorios a todo trapo y le dijo al galeno:

—Pero muchacho, ¿tú has visto lo que has hecho?

Cegado por el brillo de Jehová, el interpelado sólo pudo balbucear unas cuantas palabrejas en filisteo a las que, sinceramente, Jehová no hizo mucho caso.

—¿No me has visto avanzar con paso decidido, pese a que cojeante, con la intención de sanar a aqueste muchachuelo?

Y, creedme si os digo, que el hecho de que Jehová a tutiplén os afee la conducta es algo terrible y pocos pueden soportarlo.

Así pues, Jehová cogió de nuevo la espina (fijaos que encontró a la primera la espina que había caído entre la arena, así es Jehová) y se la volvió a introducir en la garganta al chiquilicuatre.

Y allí mismo, lo elevó entre las nubes, y se lo llevó al Cielo. Y allí le hicieron unas radiografías, localizaron la espina y le operaron, utilizando para cerrar el corte puntos de esos que se reabsorben y que no dejan casi cicatriz.

Una vez sano el niño (que resultó ser niño de sexo masculino), lo devolvió a la familia todavía, eso sí, bajo los efectos de la sedación y con una ligera infección por hongos que se curaría con unos cuantos antibióticos.

Así que, hipermétropes, si os cruzáis con algún curandero, vociferad, haced aspavientos, expulsarlo de vuestro lado y no los invitéis a tomar pan ácimo y vino rancio ni les mostréis vuestros mosaicos, tal y como hizo Jehová en aquesta ocasión.

Sin más, me despido de vosotros, que manda narices que la carta más larga que haya escrito este mes sea la vuestra, con lo que os cuesta enfocar la vista.

Si la vida fuera una película

saldría de oficina

a eso de las siete

acompañado de música de cuerda y percusión

dejando tras de mí una palabra colgada del aire

que lo cambiaría todo

y abandonaría mi trabajo

y me iría a vivir a Alaska

sólo contigo y un puñado de semillas para cultivar

y la colección de deuvedés de El último Superviviente

dejaríamos atrás las cuitas de los que nos rodean

sus bolsillos permanentemente vacios

(según ellos)

que no les dan para llenar

de cosas

los armarios

de sus vidas permanentemente vacías

si la vida fuera una película

que no lo es

así que me quedo sentadito

en esta oficina convertida en un museo

rodeado de caras grises y muecas de mil colores

con el corazón rebotando en el pecho

deseando salir

volver a respirar

y mandarlos a la mierda a todos

nada más cerrar la puerta

a eso de las siete

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