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EPÍSTOLA DE SAN BUITRAGO A LOS ALOPÉCICOS

Cuentan que en aquellos días andaba Jesucristo por el desierto de arriba para abajo, tomando maná y convirtiendo la arena en gin tonics cuando apareciósele el Diablo in person transfigurado en agente de movilidad de la Comunidad de Jericó.

Y hete aquí, que el Diablo sacó su bloc de multas y díjole al Mesías:

–¿Sabe que aquí no se puede aparcar?

Y procedió, el muy ladino, a extenderle una sanción, a todas luces injusta y con la única intención de perjudicar su imagen.

Mas, leed con atención, Alopécicos, Jesucristo observó de arriba abajo al Diablo y le afeó su conducta, de buenas maneras y con diplomacia, haciéndole partícipe de su estupefacción ante tamaña tropelía.

En ese instante, el Diablo, visto que su ardid había fracasado, exhibió su verdadera cara y se carcajeó, con una vehemencia rayana en el descaro, en todos los morros de Jesucristo.

–Debes saber, hijo de Jehová, que esta batalla no la has ganado. Es cierto que tu interactuación con mi forma transfigurada ha sido un ejemplo impecable de educación y buenas maneras, pero mis mil lenguas y mis catorce docenas de apéndices prensiles se encargarán de difundir aqueste hecho tal y como a mí se me antoje por todo el mundo conocido.

Miró fijamente Jesucristo al Diablo y a sus lenguas y a sus apéndices (prensiles) y se carcajeó a su vez de él. Se acercó a un excremento de camello y lo moldeó y le dio forma semihumana, le puso gafas y lo llamó Marhuenda. Y con los restos sobrantes de excremento y un cardo borriquero distraído que encontró detrás de una duna, hizo otra figura y la llamó Mariló.

–¡Pásmate, Belcebú ante mi milagro más reciente! Ante ti se alzan los guardianes de la verdad, que desmontarán tus falacias una a una.

Pensad en lo que os he contado, Alocépicos de mis entretelas, pues siglo tras siglo, vaticino sin miedo a errar, el Diablo intentará confundir a la plebe, crédula y malpensante en general, con sus tretas. Pero de igual manera y con convencimiento igual de certero, os vaticino que siempre habrá un excremento de camello con gafas y un cardo borriquero manchado de bosta de ungulado que defenderán la verdad… por increíble que parezca.

Y ahora, os dejo, que se me acaba el pellejo de cabra y no puedo comprar más, que está por las nubes.

Espero que a la recepción de esta misiva os encontréis todos bien y recordad que debéis taparos las seseras, que el sol del desierto es muy malo para la piel y os puede hacer hervir vuestros pensamientos… y sólo os falta eso, con lo salidos que soléis ir ya de natural.

UN TIEMPO PARA NOSOTROS SOLOS

En el aeropuerto sólo quedaban unos cuantos tristes zombis disfrazados de limpiadoras y encargadas de cafeterías que hacían su trabajo de forma automática.

Su marido había encendido el móvil nada más sentir tierra firme bajo sus pies, liberado por fin del roaming, y había empezado a twittear, a publicar en Facebook…

Foursquare habría anunciado ya su llegada.

– ¿Llevas la cámara? –le preguntó, antes de ponerse a la cola de la parada de taxis.

Ella se la señaló, colgada al cuello.

Él ni la miró.

Su teléfono también empezó a reclamar atención: tenía notificaciones por leer.

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